jueves, 11 de octubre de 2018

Una cuadra, una hora, una niña


Son las cinco y veinte de la tarde. Es invierno.
La cuadra va saltando de vereda en vereda,
al fondo, delgada línea,  una nena de pelo lacio viene corriendo,
su cuerpo se recorta en destellos,
es diminuta bajo los árboles e inmensa en la voladura de su niñez.
Salen,  atravesando la puerta de un pasillo,  dos perros salchichas con la lengua afuera y el cuerpo zangoloteado, corren, la nena los persigue a los saltos y una sonrisa que va de norte a sur.
Juegan los tres, en círculos, continuándose, como ciclos constelatorios.
Allí el sol se absorbe en el horizonte,  justo al fin de esta cuadra, al fin de esta calle, al fin,
todo se ve a contraluz,
a contra sol
y los límites son claros.
Los coterráneos árboles, los carteles del almacén y de la gomería, la niña y los perros salchichas,  los gritos de un gurí jugando a lo lejos, las señoras que conversan, el joven que sale de la escuela; todos a contraluz, delimitados y únicos, absorbidos  en  el ámbar del fondo.
Autos, motos, camionetas, bicicletas,
van rayando el asfalto sin dejar aparentes huellas,
creando la banda sonora.
Las personas que vienen caminando hacia allí, digamos, las que nacen con el día o van muriendo ya, del este hacia el oeste, deben taparse los ojos para poder ver,  hacerse visera con la mano. Y lo hacen.
Ruge el motor de una camioneta vieja que se enciende.
Dos señoras vienen  conversando, con sus carteras al hombro, haciendo frotar sus breves tacos contra las baldosas. Hay algo en ese conversar que también se frota, como si a cada palabra sus cuerpos se restregaran, con enorme placer, contra la pared o sobre el ruido de la camioneta.
 ¿De qué hablan? Dicen algo de mil pesos que le había costado no sé qué, una cosa que compro en no sé dónde, dicen eso, pero sus cuerpos hablan de otra cosa, de algo más del sentir, del placer de frotarse, de venir del sol e ir hacia el ocaso, apuradas pero con un bien bajo el brazo.
 Siguen ladrando unos perros a lo lejos, ya no son los salchichas. Y el rugir continúa, obstinado.

Esta cuadra, donde a lo lejos se ve que la tierra es redonda y gira, donde las personas dicen pero no hablan claro de lo que es por dentro, donde los ruidos pasan en un desfiladero constante y paralelo, y algunos acompañan y cada cosa se deja tocar por el mismo hilo de sol que dejaremos atrás todos por igual, más antes o más después; esta cuadra, pienso, es también, y por un rato, el pasaje que me deja llegar a mi niña y verla jugar y distraerse…
La niña ya no está a la vista, entró a su casa, supongo. Y entonces, yo vuelvo a la mía, que está más, un poco más lejos, y el cielo ahora se puso verde y la primer estrella.

Y entonces yo cuento: una cuadra, una hora, una niña.





martes, 2 de octubre de 2018

Escribías naranjas


Juntabas naranjas en una cesta,
atardecías
y el horizonte se superponía de cielo, nubes, vegetación, cables y otra vez, cielo, nubes, vegetación, cables y otra vez…
Escribías para rodearte de belleza, decías
y para que gusten de vos.

Escribías para repetirte, sabías
y también, para repartir.
Y para saber.

Era la estrella, desde la ventana, la que todo leía.          

Te gustaba sentirte parte,
retener el dicho que sube a la cabeza
¿de dónde sube?
más bien baja,
retener el dicho que baja de la cabeza
¿adónde baja?
retener el dicho.

La acción de juntar naranjas en una cesta endemientras atardece,
como quien encuentra la primera estrella
y alguna respuesta.

Escribías…



cáscaras. poesía en obra.


El 14 de septiembre presentamos "Cáscaras. Poesía en Obra", en la Casa de la Cultura de la ciudad de Paraná. De esa noche nos queda la experiencia en el cuerpo, la gratitud, las miradas e intensidades y esta carta de nuestro querido Kevin Jones.
Querida Fer. Te escribo desde casa, en el anochecer de este día de belleza rara. Mientras la pava hierve unos mates a destiempo. Nosotras somos un poco mujeres a destiempo.
Vos ayer abriste, públicamente, la posibilidad de comenzar una conversación, un diálogo, sobre una puesta en escena, sobre una serie de poemas, sobre unas danzas, sobre un modo de gestionar cultura. Es que son tantas las densidades de la conversación a la que ayer nos invitabas, que me abismo en vértigo de sólo pensarlo. Por eso mi apuro en escribir estas líneas. Las redacto también yo, a mi modo, públicamente.
¿Todos los seres humanos de todos los tiempos pasados habrán sentido también esta necesidad inmensa, dolorosa, apabullante, de comunicar que nosotras sentimos? ¿O será nuestra marca de época? ¿De dónde nos viene, dónde empieza? Porque nuestra no, no es. Es decir, no alcanzamos nosotras por nosotras solas (como quien tímidamente dice "yo") a hacernos cargo de esa necesidad. A enunciarla.
Y por eso, de tanto andar jugando en los bordes, nos pasaron tantas de esas cosas que sabemos nos pasaron en ésta vida. Y también nos pasó la poesía, la escritura. La búsqueda de una, como sostenía la Vallejos, "ferviente comunicación". Yo me siento cada vez más cerca de esa idea. Mis poemas de este invierno se inclinan a ser tales en la medida que comuniquen un carozo, dan a ver algo de la propia experiencia que no, no se acaba en uno mismo. Que tiene que salir de uno y convertirse en otra cosa. Creo que a eso se refería Beatriz en esa entrevista al señalar aquello de la ferviente comunicación, y también su hipótesis, su idea. La poesía es mi aproximación a la realidad. Creo que no hemos alcanzando a visualizar las implicancias de esa hipótesis.
Quería con esto decir que me parece que en Cáscaras hubo un dar a leer de ciertos desplazamientos de la voz poética en nuestra ciudad. Hablo de un volverse-marca de esos movimientos, de esos pequeños gestos con los que muchos fuimos calibrando nuestra voz en la comunidad, y nos fuimos corriendo más al costadito, al otro lado, para atrás, para adelante, lejitos del centro, así, así, así. Es decir, movimientos reales, contundentes aunque pequeños, aunque en apariencia imperceptibles. Pero movimientos conscientes, de guardar nuestra voz, de ensayarla, de construir algo en torno suyo. Allí hay verdadera necesidad de comunicar, ferviente necesidad de comunicar.
Quisiera ser claro sobre este aspecto, puesto que es una de las líneas que más saco en limpio de mirar Cáscaras. Hay un corrimiento de la voz ligada al inventario intimista, el relato del yo sufridito o superadito, enamoradito o trágico, para hablar desde otro lugar. Para hablar desde un yo que se enuncia comunitariamente.
Con la puesta en escena de Cáscaras volviste a tu poesía una "poesía comunitaria". Te desplazaste del lugar de autora, y permitiste que otras ocupen las palabras para imprimir sobre ellas otras corporalidades, otras danzas, otros tonos incluso. Las palabras seguían siendo las mismas, pero se habían transmitido.
Fíjate qué importante que podamos pensar que hubo transmisión. Me imagino los ensayos, las conversaciones, las discusiones, las búsquedas de tonos, de modos de apropiación. Esa historia previa se leyó en Cáscaras. Y de ahora en más, en la letra del poema también.
La puesta en escena establece así una política de lectura de tu poética que de ahora en más no podremos dejar de atender a la hora de oír tu voz. Eso es un montón. Es el montón que ustedes trabajaron y acarrearon.
Luego de que ciertos relatos del yo hayan hecho tanto daño a la enunciación poética, el círculo gestante de Cáscaras da cuenta de que nos desplazamos en este tiempo. Que no dejamos un lugar vacante, sino más bien nos entramos adentro a pensar un poquito antes de salir al patio. Cuánto bien nos haría que finalmente algo de todo aquello se oiga en otros ámbitos de nuestra comunidad, y que allí se inicien otros pliegues.
Tus poemas de ahora en más admiten un plural dentro suyo, en el que me reconozco. Y ese plural nos promete una comunidad. Pienso en los poemas de Joaquín, en los libros de Marisa. Pienso en colecciones de lecturas que nos permitan volver a encontrarnos con la idea de comunidad. Allí, en esa serie, ubico a Cáscaras, enterito, libro, poemas de blog, puesta en escena y lo que venga de ahora en más.
Vos decías que a veces las palabras sí alcanzan. Me parece un proyecto estético enorme e intenso. Creo también que es el que nos corresponde. Hacer que las palabras alcancen.
En ese juego, una estaría tentada a pensar que se agregaron imágenes, danzas, performances, sonidos a la letra del poema para "decir más". Pero no, no fue así. Estuvieron allí para que pudiéramos oír mejor, que no es lo mismo.
Te quiere, y te lee pronto,
Kevin.
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en Tala y Misiones, a los quince días de septiembre

viernes, 17 de agosto de 2018

un tejido



Hay un tejido que me incluye,
lo sentí no de un día para el otro,
fue cuando casi fui supiendo que soy un todo,
una toda con tus partes,
las mías y las de aquel y las de eso otro y aquello también.
Sí,
hay un tejido que nos incluye,
pero es cierto eso que se dice, de que se ha ido deteriorando,
se  desgarró, lo sé
Algún punto por ahí se destejió,
¡saltó! como decía mi abuela
y se hizo un agujero.
Ahora, el agujero está ahí, no cabe duda,
y con sus hilos sueltos se empezaron a formar nudos.
La red llena de nudo y aujero
¿qué vamos a hacer con esto?
Alguno me dice: “al agujero hay que agrandarlo, meterse adentro y destrozarlo”
Otros, que “mejor lo reparamos, lo volvemos a tejer buscando las puntas”
O, “dejemos los nudos que se reanuden y  convivamos con ellos”
“¡el tejido ya pasó de boda!” gritan otros
Y todo más o menos así.

No sé,
¿qué haremos con esa gran red, verde, violeta, negra, roja, azul?
Agujerada, enredada, endurecida y un poco sucia de tanto manoseo.

El ancho y vasto tejido se extiende hacia los lados,
es un gran, gran, gran manto
singular, fuerte y delicado.
Claro, está tejido con fibras cósmicas
en una música Interestelar.
Nudo y aujero, porai, llegan a debilitarlo,
crearle puntos de fuga, dispersiones
pero su potencia es mayor, por su armonía.

¿Qué es la armonía para la música?
Es cuando dos o más sonidos se juntan formando un acorde,
acordar en portugués quiere decir despertar
¡eu acordei!
Eso es para mí este tejido:
una gran red de puntos despiertos  que, de acuerdo o no de acuerdo, crean un todo armónico en la música de las estrellas.





miércoles, 8 de agosto de 2018

Invisible




Invisible
es el hilo que se va moviendo, fino bien fino es.
Unas valentías
las que se atan con trenzas.
Para qué valentías,
subterfugios,
palabrejas,
amuletos.
Una relación anzuelo,
relación cepo,
relación muralla.
Una relación con la palabra.
La masa mala
mi mamá, ama saber, no va a misa
amasa, la masa madre en mesas de madera sencilla.
Pero sana sana,
más sana sana para las masas.
Y entre tanto el poder, los colores, las tribus, la tele.
Mal saber o mal decir.
Invisible es la trama.
La coherencia
no tiene nudos,
tiene lazos.

sábado, 30 de junio de 2018

Ampárame




















Ampárame en tu ventana,
en el marco.
Sube el costado
llega al tope dobla deslízate
llega al tope deslízate baja
llega a la base recórrela
y vuelve a empezar.

Ahí quiero quedarme,
en el marco de tu ventana.

Ampárame

No quiero volver a entrar,
yo ya estoy del otro lado y no voy a volver a entrar,
ya salí de ahí.

Sólo ampárame en el borde,
déjame ser ahí, en el jardín, junto a tu ventana.
                                                                      
Quédate como un guardián, observando.
                                                                                             
Convéncete,
ya  lo haz dado todo.


miércoles, 9 de mayo de 2018

He venido

¡Llegué!

Me habían atrapado, hace horas que estoy corriendo
pero llegué, acá estoy.

Traigo el alma preñada por cuerpos que le han ido pasando,
pero no siempre estoy en el cuerpo,
no siempre le han ido pasando.

Hace horas que no paro de correr,
me resbalo y sigo,
a dónde estoy yendo.

Llegué,
a este lugar lo conozco, no me pertenece.
Llegué,
no esperan de mí, no saben
pero llegué.

Necesito escurrir la angustia como se escurre un saquito de té,
un saquito de té,
beber de a sorbos  el aire espeso de las horas tristes,
de las horas tristes,
de las horas tristes.

Y después empezar a decir: 
serán, primero, balbuceos,
lengua de niños,
de niña que quiere salir corriendo, pero no de jugandito.

Empezaré a decir:

Tengo un cuerpo de carnes, de huesos, de tejidos,
estos cuerpos me duelen, los llevo adheridos y me duelen,
no puedo abandonarlos, soy en ellos,
les debo mi cuidado.

Quiero decirlo:
me duele, me molesta, me arde, me punza, es un dolor desarrollado,
no un dolor cualquiera,
quiero decirlo,
la fibra herida, el hollejo agonizante.

Por ahí veo las pistas,
sobrios señuelos que se abren paso entre la neblina del camino.

A veces me siento como de cien años,
una pieza antiquísima pero inacabada.
El paso del tiempo me con-mueve,
me azora la imperfección
(azorar, que linda palabra, suena mejor que decir que el paso del tiempo vuela tras las aves, sobresalta y enciende)
las palabras… ¡ay las palabras!
despertando singulares microcosmos internos.

Vine a decir, no cabe duda,
¿Pero qué vine a decir?
Pues esto, el cuerpo de la poesía: sensibilidad de piel, dientes, caderas, palabras...
Para qué ¿para azorar?

La lengua floja que se expande hacia los costados, inunda la boca,
la lengua llena toda la boca,
pero también la lengua se pone dura cuando escribo.

Parece que con la boca comemos al mundo,
lo tragamos,
también por eso quiero decir, por  hambre.

Llegué.
Soy un alma vieja en un cuerpo herido, con hambre.

Algunos no creen en la oración,
yo sí creo.
He venido a decir



                                                                           (Ph: Julian Villarraza)





sábado, 13 de enero de 2018

Yanomora



Mora en una casa viva, es sua namorada. Los colores se le paran enfrente y le dicen: acá estamos.
Se va moviendo la casa, baila el salpicar de los pájaros y el reguetón del barrio, baila la música del que vende huevos y el pregón del verdulero.

La casa  está incompleta, siempre en construcción. Las primeras paredes son capas frías. Las que vinieron después, calientes.

En el piso está la boca vieja que quiere hablar, va perdiendo los dientes, no se le entiende lo que dice.
Se come las cucarachas, se come los piojos. Hasta los granos de arroz se come.

Tiene ventanas a la altura de los ojos, en ese horizonte y ventanas que miran el cielo. Fueron puestas a puro abrir agujeros en la pared.
Algunas están cerradas por siempre y algotras nunca lo hacen del todo, una hendija permite entrar los olores, salir gato, entrar el chijete, salir pelusas, suspiros

Las puertas fueron cambiando de lugar y tampoco traban, solo aparentan.

Donde hubo cemento ahora hay barro y cal, sobre el barro, palos y escombros y sobre el escombro, pasto. Una parte del techo está lleno de tierra, yuyos e insectos, el otro está cubierto por una lona negra para que no entre el agua por las tejas. Cuando llueve chorrea por los pilotes llenando ollas y tupers.

La casa viva guarda en sus capas palabras escritas, como tatuajes ocultos que serán leídos en otra vida.

La casa vio como fueron muriendo sus dueños, veló por ellos con funerales, flores y vino.
Y una noche de noviembre refugió el nacer de un niño. El aire olía a mamones y floripondios y desde las estrellas caían bendiciones.

En la casa que mora hay un jardín. Hay varios jardines, los que se ven y los que no. De los que  se ven, están los silvestres, con sus plantas sobrevivientes, áridas, que no precisan agua, ni palabras casi, de un color apenas variable entre el verde oscuro al marrón claro. Y los que se entretejen por debajo, queriendo rebrotar, chupando hasta la última gota del mineral de la tierra, hormigas y coleópteros rempujando el yuyaral, babosas que van dejando su camino plateado, cartografías de las estrellas. Los otros son los jardines que se imagina ideales, de suculentas flores y helechos regados. Entramados complejos de texturas, cultivados rocíos y savia en las nervaduras.
Frutales, gallinero y huerta, habitan en un pasado presente entrelíneas.

Un día de este principio, o de aquel final, la casa viva se fue comiendo sus cosechas sin volver a sembrar. A sus gallinas las cazaron las comadrejas y los perros quedaron hambreados; el gallo murió hediendo de bichos que le hervían en la piel del ala descarnada.
Los cimientos se movieron y la estructura se partió en dos.

La casa engulló sus sueños, sin respirar.
No quisieron cohabitarla más, ni copularla, tampoco se acercaron a libarla o demolerla.
Se quedó vacía la casa. Autofagocitada

Yanomora ninamora, yanomora ninamora, yanomora ninamora. Cantaban los pájaros.

La tierra la fue cubriendo suavemente. Digamos, absorbiendo.
Hoy día, sí pasas por ahí, ves un pequeño cerro, con algunos árboles, plantas ásperas, piedras y caca de perro.

Capaz una mariposa blanca que revolotea y después se va.

miércoles, 3 de enero de 2018

Pachón



Quién me lo hubiera dicho que esto iba a ser así,
Pachón.
Que de conocerte casi se acabarían todos los viejos problemas
y empezaría la catarata de amor
a hacerse raíz,
remolino de coraje,
barrancas,
risas,
olores.


Baba; mocos; teta – boca – succión; fiebre; broncoespasmos; pecho; barro; piojos; uñas; llantos; gritos; curiosidad; agua; velocidad; límites; miedo; hambre – sed; pis-caca;
Y preguntas.


Este amor con piel, que de gorda se hizo lisa pero el olor y el tono.
Ese idioma particular con el que te comunicas desde el primer día
aunque ahora uses palabras y frases, conceptos,
siempre es tu idioma
de cachorro
de Pachón.


Para qué habrás elegido venir aquí, justo adentro mío,
cuántas cosas más aprehenderé de tú mano y de tus orejas,
a ser fuerte lo primero, muy fuerte, una mamá ninja o kingkona.


Tus ojos me miran, de lejos y de cerca a la vez, tanto que mete miedo,
pero no un miedo de fantasmas o de ladrones, de chuquis o policías,
ni siquiera miedo de no poder verte más algún día;
es un miedo del que no puedo huir
(ya te contaré algún día que esa es mi especialidad)
de que es acá, así, de verdad, vos y yo y el universo que nos unió para siempre.


Sabes muchas cosas ya, y eso me asombra
y otras, ríos de preguntas,
¡ah! ¡arroyos de preguntas!
de lágrimas, ríos y arroyos de chinches por no saber poner límites,
maestro de la demarcación,
espejo profundo,
peces de colores en este río, en este espejo,
y los de tu cuento
y las mojarritas que pescaste con la caña que te regalaron,
y también los que andan en el cielo
¿ah, no? ¿no viste todavía los peces del cielo?
bueno, yo tampoco pero me los puedo imaginar,
así los escribo, porque me gusta imaginármelos mientras los escribo


¡Quiero que seas feliz!


Una vez te pregunte qué era lo que más te gustaba de la vida y me dijiste sin dudarlo:
TODO.
Claro, pensé yo, que idiota.
Y así sos también, claro como el agua.
"La vida es un pájaro mamá ¿no sabías? y la naturaleza es un árbol"


Recuerdo una vez, estábamos hablando de que en nuestro planeta hay más agua que tierra, entonces te dije:
Yo soy del planeta agua
¿Y yo? me preguntaste
Vos también, te dije
Pero somos de naturaleza diferentes, me aclaraste
¿Ah sí? Te pregunté interesada
Sí.
¿Y vos de qué naturaleza sos?
Mi naturaleza es ser libre ¿y vos? Dijiste sin titubear
Y yo no sé. Respondí hecha una tonta de amor ¿Vos de qué naturaleza decís que soy?
Y, de río.


Me das vuelta entera y me pones el alma contra el viento, pululante, revuelta.
Las preguntas que haces, casi siempre precedidas de un largo silencio,
esos momentos que te espío o te observo de lleno y estás resolviendo alguna emoción,
re- conociéndola.
Sos chiquito, me digo, pero ahí estás, re valiente con cuchillo y destornillador, con espada, con pinzas, con telescopio y estetoscopio, auscultando la sensación, observándola, saboreando, viendo qué onda…


Hace unos días me dijiste:
Hay algo que no está pegado entre nosotros dos.
Refiriéndote a esos momentos en los que no queremos jugar al mismo juego. La frase me quedo resbalando durante días, de la cabeza al corazón, del corazón a la panza y de la panza a los pies, después se fue o se guardó en los recuerdos.


Ahora dormís, y cuando dormís ya no hay tiempo, parece que recién hubieras nacido o que ya estuvieras por cumplir noventa años.


Cuando me enojo, me enojo mucho.
Me pongo torpe y gritona, te hablo mal y casi que no puedo controlarlo, soy yo el mar revuelto, la tormenta devastadora,
el monstruo
que sacude tus casitas y lastima las capas que unen y separan y después se le hacen cascaritas.
¡Ay que mamá más mandona!  me decís enojándote también mucho.
Y yo me siento mala madre, infeliz y desgraciada,
pero respiro, me voy afuera y azoto algún palo o caña contra la tierra o algo duro, camino, miro el cielo, pido y me calmo un poco,
vuelvo a entrar y te observo, conversamos
y cuando se puede, te pido perdón
(a veces también me perdono)
le hablo al Universo, Dios y Mamapacha que no sea tan irreparable lo roto,
que el grito no haya rasgado las partes más finas del cuenco de tú corazón.
Son muy feos todos esos días.


Mamá y Papá están separados.
Y a veces parece un río ensanchándose entre los dos,
alejando las islas que somos
Papá isla de pájaros, cabras y sauces, atardeceres
Mamá isla de monos, gallos y arena, amaneceres
Los otros días hiciste un dibujo de un ser con un cuerpo, tres cabezas, tres corazones y tres pies,
dijiste que éramos papá, vos y yo, un solo cuerpo con tres cabezas, tres corazones y tres pies
Me emociono mucho el dibujo
y algo me duele, casi siempre.
Sin embargo queda claro que sentís que somos uno
y uno y uno es todos y todos vinimos para amar,
como dice la canción que cantamos en la Escuelita.
La otra noche, conversando, me dijiste que para vos era difícil que estemos separados y me preguntaste sí para mí lo era,
yo te dije que sí, que para mí también y que seguro que para papá también,
y vos me dijiste que preferías que no nos hubiésemos separado.
Ahí, a mí, se me pone todo negro
y no puedo ofrecerte lo que necesitas,
pero ¿vos de verdad necesitas eso?
También hablamos de lo difícil que sería vivir juntos con acuerdos diferentes,
vos lo entendiste,
yo todavía no sé si lo entiendo.
Y me consuelo o contento pensando que todas estas vivencias te van a hacer más fuerte y más sabio,
o algo así… “que se yo” (dice la polla de Laura; te gusta ese cuento y a mí también)


Todo nos está dado para sacarnos brillo, eso creo, hijo,
me es difícil ser impecable con las palabras, con los actos, tener algunos conceptos claros para trasmitírtelos, transmigrártelos
¿Qué te dejaré por herencia?
¿Qué sentirás por nosotros, tu familia, cuando seas grande?
A veces tengo miedo de ser irresponsable y que siendo adulto sufras por lo que no supe cuidar
¿Pero qué es ese miedo? ¿Dónde nace? ¿Dónde muere?



Ayer me preguntaste si habías sido otro antes que este que sos ahora,
si habías sido persona antes, o qué habías sido.
Me preguntaste qué eran los cítricos. Y también por qué todo, en el agua, es más liviano.


Hoy cumpliste 6 años
Se me pone seria la palabra cuando pienso en todo lo que pasó, no sé porque será, como que es denserio. Este amor tan profundo entre los dos y tan enérgico,
nos tratamos mal y nos amamos y nos perdonamos todo ¿o casi todo?
Mamá te cuida y vos te dejas cuidar, a veces mamá no sabe cuidarte tan bien como sus expectativas lo esperan pero vos lo aceptas igual,
yo mando a mis expectativas a nadar (al agua donde todo es más liviano)
y a vos te invito a dar una paseo en bici, Pachón, me gusta llevarte sentado atrás, me vas charlando y acariciando la pancita.



También me gusta jugar a las “arrimas” y a la telepatía.
Y una vez que íbamos en auto, yo manejaba pensando en los trámites que tenía que hacer, vos ibas atrás, mirando por la ventanilla, los dos en silencio y por ahí me dijiste:
Yo sé hablar con Dios y con los pájaros.
Ah sí, cómo haces
Es fácil… Y me contaste.
Ese mismo día nos dijiste tu primer poesía a la luna,
la escribimos para que no se nos olvide.



Ahora cuando te quiero sacar charla de algo, me cortas dulcemente:
No te quiero contar mamá, porque esas son cosas mías.