viernes, 22 de mayo de 2009

Un navío de sangre

Un navío de sangre voló hacia una forma un poco confusa de existencia.

Después vino el corazón y los huesos. El cuerpo anida y acarrea su memoria. Como el pobre caballo que lleva el carro, la familia, la pobreza y el látigo. Nuestro cuerpo anida y acarrea.

Su memoria está compuesta y marcada a lo largo de años, más de los que llevaron el vuelo del navío rojo.

Su memoria se expresa, se tensiona, se curva, se bloquea, se deforma.

El caballo fustigado sigue adelante, dobla, sube, carga, sigue, en un punto se le tuerce una pata, saca chispas contra el asfalto, un latigazo, el caballo recupera un poco y avanza cuesta arriba. más o menos todos los días es lo mismo para el caballo.

Nuestro cuerpo acarrea y anida y se somete cada día a un avatar, un descuido, una violencia.

Más o menos todos los días yendo a una clase de danza en bicicleta miro al caballo y siento pena, sin comprender que él y yo somos lo mismo. sangre y músculos, huesos, dolor, sometimiento y voluntad.

(2008)

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