jueves, 19 de agosto de 2010

Gomerazo

tus ojos gritan
y  los tuyos tiemblan
los míos ¿preguntan?
siempre estoy incómoda para escribir.



Iba en colectivo. Era de tarde, calor después de frío, agosto. Iba mirando por la ventanilla, cargada de bolsas. Y me ví.
Era yo misma de niña, con trenzas y pelo largo,  suave y castaña, cachetes inmensos, rojos. Esa niña hizo una mueca, hizo gestos ampulosos y se reía y saltaba. Esa niña soy yo y era yo recordando.
"Se está haciendo la loca" era la expresión para denominar ese juego. Es una forma común para nombrar cuando un niño, niña juega fuera del parámetro: "se está haciendo el loco"
Me dió alegría encontrarme con esa niña contenta y desatada, jugante, jugosa. Me reí con ella.

Al rato el colectivo se metió en un barrio que me encanta ver por su diversidad. Hace poco escuché contar a alguien que para ver el grado de probabilidades que un lugar tiene de sobrevivir, se traza un metro cuadrado en la tierra y se observa que diversidad de especies hay en ella, cuántos  yuyos, plantas, árboles y especiés de bichos coexisten. Mayor sea la diversidad más probabilidades de resistencia y supongo adaptabilidad. Al menos eso entendí y lo recordé al entrar al barrio, lleno de verdes de todas formas y consistencias, me encanta observar en algunas casas alguna huerta, una tuna hermosa y grande, y otras partes más frondosas y enmarañadas.

Veo pasar junto al cole tres chicos, cara de indio, morenos, tres niños riendo, los ojos chispeantes, vivos. Iban hombro con hombro balanceandosé, llevaban gomeras. En ese momento pienso que pueden tirar un gomerazo al colectivo, he escuchado algunas historias sobre eso. Divago. El colectivo da la vuelta por el barrio y vuelve a salir a la calle principal ¡¡¡PUUMM!!!  Ocurrió. Una piedra hizo trizas el vidrio que cayó esparciendose por el piso. El colectivero frenó y empezó a retroceder. Nadie estaba herido, la piedra dió en una vantanilla cuyo asiento iba vacío, éramos pocos viajando. Nos asustamos. Los pasajeros empezaron a dar sus opiniones,  el colectivero seguía retrocediendo lentamente, le preguntó a uno que pasaba por ahí si los había visto, si sabía quienes eran. Los chicos salieron corriendo por el monte. 
Los pasajeros: 
- Son delincuentes.
- Eran tres, yo los ví, uno tenía una remera roja.
- Son del barrio de allá atrás.
- Que barbaridad, nos pueden matar.
- Estas cosas no pasan sólo en Buenos Aires
- Por culpa de unos pocos después los colectiveros no quieren entrar al barrio y yo vuelvo tarde de trabajar
Lo cierto es que todos nos asustamos, yo casi hago cuerpo a tierra, pero después... cuando el susto pasa, o al menos pasa en parte, puedo observar las exageraciones. Lo que me resulta interesante, es que los que ibamos en el colectivo éramos esos mismos "pobres" o "humildes" o como quieran clasificarnos, pero la mayoría blancos.
Nos bajamos todos porque el chofer tenía que hacer la denuncia. Antes dejó su comentario  colgado en el aire
- Esos son los que llevamos a la Escuela Hogar.
 Algunos pasajeros buscaban complicidad con otros, para seguir con el tema, encontrando culpables, diciendo como podría haber sido si la piedra le daba a alguien. Nadie, ni yo que suelo quedar muda ante esas situaciones, habló de falta de contención, de solidaridad, de lazos, de políticas públicas. También es cierto que hubo algunos varios que quedaron callados, muy callados y serios, tal vez ellos también sentían dolor, o alguna otra cosa. Los que no estaban eran los que alzan la voz diciendo ¡Basta! o algo así. Casi siempre falta el que dice algo distinto.
Después vino el otro colectivo y ya nos mezclamos con los pasajeros que venían. Intenté dar por finalizada la situación y me distraje mirando a una erótica chica que contaba a otra sus aventuras.
Por la noche recordando el episodio del colectivo y uniéndolo con otros hechos, me vino la idea de que siempre buscamos y encontramos la culpa como explicación.
Después y antes, está esa niña jugando que interpela a la que viaja por la ventanilla que va mirando con dolor al mundo.

Cómo era, el que esté libre de pecados que tire la primera piedra.
Tener la capacidad de mirar como un niño. 
Explotar las preguntas.
Y tirar un gomerazo de palabras.

1 comentario:

  1. Me gusto mucho, y me dejo un sabor "non gratto", todos actúan influenciados por el miedo

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