jueves, 29 de noviembre de 2012

reuniones

Calor: sol de lleno, que de tan lleno parece cuadrado. El sol es un cubo inmenso rotando de lado a lado y a su paso aplasta la intemperie.
Me cargué el gurí en el rebozo y salí a comprar yerba. Muy decidida.
La señora que atiende estaba en su guarida atiborrada de artículos, con el aire acondicionado y todo cerrado. Toco timbre. Abre la ventana:
- Hola! Hoy te tocó a vos. Dice refiriéndose al hecho de que siempre va otro a hacer las compras.
Le pido la yerba mientras observo lo que ya venía viendo de lejos, el frente de su negocio que da a la calle llamada avenida donde transitan camiones, autos, niños en bicicleta y mamás con sus cochecitos, todos juntos y al mismo tiempo. Miro la polvareda, no hay ni pasto, ni árboles. En lugar de estos, un montículo importante de basura parece esperar que su príncipe azul pase a recogerlo.
Tal vez con poco tacto le pregunto si no le gustaría plantar unos árboles en la puerta. Me dice que tuvo dos ficus y cuando puso el negocio los sacó. 
- Lo que pasa que si pongo un árbol los borrachines se quedan en la sombra y después quién los saca! No se van más. Es para lío.
Después me dijo que iba a extender una galería hasta adelante, etc. Yo le dije que no era tanto por el negocio que se lo decía, sino por su propia casa (y ahí dije una cosa por otra porque en realidad no se lo decía ni por el negocio ni por la casa, ni sé porque se lo decía) Entonces automáticamente me responde, señalando con el dedo hacia el costado, que por eso había construido ese techo. Miro y era un alero con tejas que cubría las ventanas del frente de su casa. El diálogo siguió un rato más rondando esa temática.
Me volví a mi casa pensando. La sombra del árbol como lugar de reunión. La deforestación como lugar seguro donde no se puede quedar más de lo conveniente. La arquitectura (cemento, ladrillos, tejas) remplazando y avanzando sobre la naturaleza. A los borrachines se los evita cortando los árboles.
Me acordé que enfrente de ese lugar, que también hay un almacén, al lado en un terreno casi descampado, había un arbolito que fue creciendo con el tiempo. El único árbol de la cuadra. Cuadra en la que hay 4 negocios. Cuando el árbol tuvo un par de hojas algunos de los gurises se empezaron a juntar ahí a charlar, fumar porro, ver pasar la gente y el tiempo.
A los vecinos se ve que ese tipo de reunión tampoco les gustó y cortaron el árbol de cuajo. Se supo enseguida que fue por ese motivo que lo sacaron, para que no se junten los drogones y chorros del barrio.
Que extraña forma de interpretar y resolver las cosas tienen algunas personas.
En el camino hasta mi casa me tope con decenas de bolsas rotas y basura de todos los colores. Unos vecinos discutían por el olor a mierda que venía de no sé donde. Creo que el calor intensificaba el encono de la discusión.
También alcancé a ver niños meta jugar, viejos caminando despacio cubriéndose la cabeza con cualquier cosa y gente de aquí para allá. Algún que otro también se reía.
Creo que si se lo intenta nada queda cristalizado en un solo hecho, en una sola virtud o violencia.
El pensamiento estalla para reunirse.

2 comentarios:

  1. Caray, cómo se parecen nuestros barrios! Acá también la basura como princesa espera a su príncipe azul. Saludos!

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  2. bravo Fer, hermosa manera de describir una realidad tan común, todo se puede , quejarse, reírse y gastar en cemento, todo menos reunirse, esto se puede lograr un día , un año, pero de a poco van abandonando y es mas fácil la queja y el pequeño y triste trabajo de cortar un arbol. te amo Dulce.

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