lunes, 1 de mayo de 2017

El arte está aquí y allí

Uno

Paraná, fin del verano del año 2017. Mediodía.
Un hombre está parado arriba de una escalera a nueve pisos de altura, con ambas piernas a un lado y otro, formando una v invertida, camina de costado haciendo la tijereta (o escalereta); tiene en sus manos un taladro y hace agujeros en la mampostería que está sobre su cabeza. Avanza así, sobre la escalera, al borde de la construcción, sin arnés ni sostén, mirando hacia arriba mientras atraviesa la pared con la herramienta re pesada.   .
Yo que soy la que voy por debajo, lo descubro desde la ventanilla del colectivo y me lo quedo mirando. Deseo que el semáforo sea largo, lo busco entre los huecos de los otros edificios cuando el chofer arranca. 
Finalmente lo perdí de vista. Pero me lo llevé conmigo, me acompañó el resto del día en mis quehaceres y quehablares. Me lo imaginé bajando de ahí, yendo a su casa, alzando un gurí o tomándose unos porrones con sus compañeros en la esquina; cuál sería el sonido de su voz y de qué temas le gustaría hablar... Esas cosas.
Ahora, cada tanto, las veces que alguna dificultad me revuelca en el polvaderal de la existencia, me acuerdo de él y de sus talentos entre el cielo y la tierra...

Dos

Paraná, tarde de otoño. Una señora viejecita viene caminando por la vereda, tiene el pelo largo, suelto y algo reseco, peinado con la raya al medio y sujeto a los costados por pequeñas hebillas. Está vestida con una blusa blanca y florcitas rosadas, metida a la altura de la cintura dentro de una falda azul gris larga hasta las rodillas y un bolso colgado del brazo. Va comiendo una banana que tiene a medio pelar.
Mi hijo pequeño la ve venir, ambos la vemos venir. Él me dice dulcemente: "mirá mamá, que graciosa la viejita"
La miramos juntos. La señora avanza a paso veloz mientras come su banana. Le somos perfectamente indiferentes. Cruza la calle sin mirar para atrás y se aleja por la cuadra bajo los fresnos dorados de la siesta, con su pelo, sus hebillas, su blusa floreada, su falda, su banana y su presente indiferencia.
No sabremos nunca si fue un sueño o es que el arte está aquí, mojando nuestras orejas. 

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